En enero de este año el gobernador del estado Lara, Henri Falcón, inauguró el Centro de la Esperanza Divina Pastora, la mejor sala de espera de todo el país, construida en el Hospital Central Universitario Antonio María Pineda, de Barquisimeto.

La moderna y cómoda infraestructura tiene capacidad para albergar a 180 personas o familiares de los enfermos que se encuentran en el área de emergencia del primer centro asistencial de la región, quienes dejarán de padecer la agonía de llevar sol, agua en la época de lluvia y amanecer en la intemperie, a la espera de información sobre el estado de salud o el requerimiento de medicamentos para los seres queridos hospitalizados.

La infraestructura está edificada en una superficie de dos mil metros cuadrados, y la misma consta de dos áreas: en la planta baja se ubica el restaurant, centro de comunicaciones, batería de baños, doce filtros de agua, telecajero y la farmacia, la cual ofrece hasta 40 por ciento de descuento; mientras que en la planta alta se encuentran distribuidos los baños con ducha y las salas de descanso con butacas reclinables, aire acondicionado, televisores plasma y acceso especial para los discapacitados.

También cuenta con un sistema electrónico de interconexión con la sala de emergencias, a través del cual y mediante un sistema de monitores y altavoces los familiares pueden conocer el estado clínico del paciente, que reflejan el nombre del enfermo, nombre del familiar, número de cama y la solicitud requerida para el paciente.

Dijo el gobernador Henri Falcón que con esta sala los familiares de los pacientes ya no estarán en las adyacencias de la Emergencia del Hospital Central,  sentados o acostados en el piso, sino en una amplia y moderna infraestructura construida con una inversión superior a los 12.000.000 bolívares fuertes,  con la cual se dignifica al ser humano.

SEIS MESES DESPUÉS…

El 01 de julio de 2010 el diario El Impulso de Barquisimeto publicó la siguiente información:

Una inminente desgracia podría ocurrir en cualquier momento en los alrededores del área de Emergencia del Hospital Central Universitario Dr. Antonio María Pineda de Barquisimeto, todo por la inconciencia y terquedad de la mayoría de familiares de los pacientes allí recluidos.

Se trata de un espacio donde ni siquiera cabe un alfiler, debido a que está tomado las veinticuatro horas por una aglomeración de hombres y mujeres que se rehúsan a ocupar la Sala de Espera La Esperanza Divina Pastora, un edificio cómodo, espacioso y acogedor construido a pocos metros de la Emergencia, precisamente para la placentera estadía de quienes tienen a sus seres queridos hospitalizados, y para que se informen mediante una pantalla electrónica sobre su estado de salud.

Pero no, así no está ocurriendo. Cotidiano es observar en las aceras, y frente al trayecto de vehículos, cómo la multitud obstruye el paso de las ambulancias que llegan con premura para ingresar a un infartado, a una persona lesionada por arma de fuego o producto de un accidente de tránsito que requiere urgente atención médica.

La situación resulta sumamente complicada, porque el conductor de la unidad se ve obligado a reducir la velocidad al máximo, y debe tener mucho cuidado de pasar entre las personas y no atropellar a nadie. Este hecho retarda la llegada del paciente y por consiguiente pone en riesgo su vida.

Justamente, al lado de la puerta de la Emergencia, fueron colocados dos grandes carteles donde se le informa a las personas no permanecer en dicha área y que por el contrario deben hacer uso de la Sala de Espera, pero el mensaje quedó de adorno.

marzo 17, 2010

Si usted va al camposanto con la luz del día no se va a encontrar con un vidente, pero sí con vestigios de lo que quizás sean actos de brujería  o sectas satánicas. Un grupo de personas, que tienen familiares enterrados allí y prefieren resguardar su identidad, refieren que durante el fin de semana pasado al menos dos tumbas fueron profanadas, el mármol removido y parte de los restos extraídos.

A dónde fueron a dar los huesos humanos, no se sabe. Lo cierto, es que una de las tumbas más antiguas, que data quizás del siglo XIX cuando Nicolás Patiño construyó el cementerio es el epicentro de los ritos. Restos de tabacos, botellas de alcohol, imágenes desquebrajadas del Sagrado Corazón de Jesús, ropa, cruces sacadas de su lugar, pero al revés están en el lugar, junto a plumas y velas derretidas.

Según cuentan las personas, esta situación es más evidente con la proximidad de la Semana Santa. Son más extrañas las cosas que ocurren en horas nocturnas, tan raras como gente ingresando desnuda al caer el sol.

El Cementerio Municipal de Cabudare, al igual que otros camposantos del país, es territorio del hampa. La poca presencia policial en las adyacencias, la carencia de vigilancia y la nula iluminación hacen la combinación perfecta para los delincuentes y uno que otro mendigo que fue inescrupulosamente execrado de la sociedad y reducido a ese cruento ambiente.

Además, hay otro elemento atípico dentro de este cementerio y al cual las autoridades deben estar atentas. Rumas con escombros de construcción  aparecen en el lugar, no hay que ser un intelectual para saber que de las fosas no se sacan restos de bloques y vigas.

Leído en:

El Informador, Barquisimeto miércoles 17 de marzo de 2010, Pág. 6A